mércores, 1 de xullo de 2015

Paradas en el camino

El optimismo en algunos casos no es un estado voluntario, de no ser optimista hoy por hoy mi vida consistiría en 16 horas de sofá y 8 de cama al día, de las cuales me pasaría más de la mitad llorando.
Lo que tenga que pasar en un futuro, pasará, sea negro o multicolor, pero que su oscuridad no te ensombrezca los pasos. Vivir constantemente pensando en el futuro es como andar con la vista al frente, nos perdemos un camino lleno de cosas preciosas por el que pasear y poder pararse en cada una de ellas, disfrutarlas; peor todavía si nos dirigimos hacia algo que no nos gusta nada y que incluso tememos, ya no será que nos perdamos el sendero, sino que lo tendremos que hacer en penumbra.
No sé cómo va a ser mi 2020, nadie sabe cómo será el suyo, puedo ponerme en lo peor y esperar angustiada a que llegue algo que no deseo y que resulte que en esa fecha nada haya cambiado, el balance me sale a 4 años y medio de preocupación constante, vivir todo ese tiempo como en la sala de espera del dentista.
Soy optimista porque tengo que serlo, porque me hace apreciar más cada parada que hago, porque me gusta cada uno de los pasos que doy, porque aún el día de más fatiga de la historia este camino no me cansa.
Es tanto lo que me queda por pasear que no pienso hacerlo por la sombra, donde aún encima es más fácil tropezar en los obstáculos.

2 comentarios:

  1. Comparto tu opinión,disfrutemos de las cosas buenas del día a día, como diría el cholo "partido a partido"

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